miércoles, 1 de junio de 2011

Marcalibro


La necesidad de contar con un método para marcar un lugar de un libro data de hace varios siglos. Con el aumento de volúmenes impresos en el siglo XV, los libros se publicaban en ediciones muy limitadas y eran muy valiosos, por lo que dejarlos abiertos con las páginas hacia abajo era una mala idea, ya que quedaban expuestos, aparte de que sufría su lomo. Marcar las hojas doblando una de sus esquinas también era una amenaza potencial para estos escasos recursos.

Una de las referencias más tempranas al uso de marcalibros es de 1584, cuando Christopher Barker, de la imprenta real, presentó a la reina Elizabeth I, uno elaborado en seda.

Los marcalibros comunes en los siglos dieciocho y diecinueve consistían en delgadas cintas de seda que formaban parte de la encuadernación y se extendían más allá del pie de la página. Los primeros marcalibros separados comenzaron a aparecer en los 1850´s, generalmente elaborados en seda u otras telas. No fue hasta los 1880´s cuando el papel y otros materiales se hicieron más comunes.

El gran período del diseño de los marcalibros y el uso de materiales lujosos ocurre durante las eras victoriana y eduardiana, cuando la idea de que el marcalibro podía ser usado para indicar el lugar del fin de la lectura y proteger el libro, se hizo común. Hoy en día se utiliza una amplia gama de materiales para su construcción.


Este marcalibro fue diseñado por Yole Mata (@yolemata) para ayudar en la promoción de ADN Fatal. Solicítalo en las librerías donde se vende el libro.

Espero les sea útil!