martes, 26 de julio de 2011

Feria del Libro Sucre

Durante la Feria del Libro de Sucre se realizará la presentación del libro ADN Fatal, el día sábado 30 a las 3pm, en la Sala Pizarra, presentación a cargo de Leonardo Laverde Botero (Caracas, 1980). Licenciado en Letras por la UCV. Fue Jefe de Redacción de la Revista Cultural “Trastiempo” de la Escuela de Letras de la UCV (1999). Se ha desempeñado como docente y redactor de textos educativos. Participó en el XXIX Simposio de Docentes e Investigadores de la Literatura Venezolana con la ponencia “La ciudad y su sombra” sobre la novela “Viste de verde nuestra sombra” de Ricardo Azuaje. Obtuvo Mención Honorífica en el II Concurso de Cuentos de la Policlínica Metropolitana (2008) y formó parte de la antología correspondiente. Actualmente dicta clases en la Escuela de Idiomas Modernos de la UCV, cursa la Maestría en Gestión y Políticas Culturales de la misma universidad, y es Director de Investigación de la Asociación Venezolana de Investigadores y Profesionales de la Gestión Cultural (ASOVIPG)

El día viernes 29, en la misma Sala Pizarra, a las 8pm, José Miguel Vásquez, autor de ADN Fatal estará dictando la charla "Autopublicando un libro", donde se tratará el tema del proceso a seguir por aun autor en Venezuela para llevar al papel -y a las librerías- su obra.

Los espero por allá!!

Un poco de información acerca de la Feria:

Entre el 27 y 31 de julio la Plaza Miranda de Los Dos Caminos albergará a la Feria del Libro de Sucre, regalando a los caraqueños, un nuevo espacio público para las letras y expresión creadora, resultado del esfuerzo conjunto entre su Alcaldía, lla Cámara Venezolana del Libro y  el Grupo SOB
Enmarcado dentro de las actividades conmemorativas de los 444 años de la ciudad de Caracas, la Plaza Miranda ha sido el espacio escogido por la Dirección de Cultura de la Alcaldía del Municipio Sucre y la Cámara Venezolana del Libro – Cavelibro -, para ofrecer cinco días de movida literaria urbana -del 27 al 31 de julio- con la 1era Feria del Libro del Municipio Sucre, en la que el talento artístico sucrense y los libros, serán los principales protagonistas.
1ra Feria del Libro de Sucre
Inauguración: Miércoles 27 de julio, 4 pm
Desde el jueves 28 hasta el domingo 31 de julio
4 pm-9 pm
I Feria del Libro de Sucre / 27 al 31 de Julio / Plaza Miranda

MIÉRCOLES 27
Tarima
4:00 pm               Inauguración
5:00–5:30 pm    Muestra de danza a cargo de la Escuela de Ballet Keila Ermecheo / Cultura Sucre
5:45–6:15 pm    Concierto de rock sinfónico a cargo del Grupo Aedea  / Cultura Sucre
6:30–7:00 pm    Recital poético. Participan: Rebeca González y Jeanleigh Fernández / Cultura Sucre
Salón Pizarra
6–6:45 pm          Presentación del libro Química Orgánica. Tomos I-II. Participan: Deanna Marcano, Luis Cortés (autores)  y Manuel Caetano (presentador) /  Ediciones  EBUC UCV
7–7:45 pm          Charla: “La calidad del español en la Red” a cargo de Rodrigo Blanco Calderón / Fundación Telefónica
JUEVES 28
Tarima
5:00–5:30 pm    Recital de hip hop a cargo del Grupo Al Qaeda La Base/ Cultura Sucre
6:30–7:30 pm    Tertulia: “Basado en hechos reales. Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia”. Participan: Leonardo Padrón, Gisela Kozak y Rodrigo Blanco Calderón / Editorial Alfa y Ediciones Puntocero
Salón Pizarra
2–2:45 pm          Taller de origami a cargo de Aminta Díaz /  Ediciones Florilegio
5–6:45 pm          Presentación de los libros 80 años de políticas de vivienda en Venezuela. 1928-2008 de Azier Calvo y Eugenia Villalobos (compiladores); La estética del minimalismo en la arquitectura de Pedro Franco. Presentan: Eugenia Villalobos y Azier Calvo / Ediciones FAU UCV
7–7:45 pm          Presentación de la novela Los muertos de Jorge Carrión. Participan: Willy McKey, Rodrigo Blanco Calderón y Luis Yslas / Lugar Común
VIERNES 29
Tarima
4:00–4:45 pm    Tertulia a propósito del libro Fuera de foco de Eva Ekvall / Aguilar
5:00–5:30 pm    Muestra de danza a cargo de Estampas Venezolanas / Cultura Sucre
5:45–6:15 pm    Lectura dramatizada: “2 de Amor”. Participan: José Romero e Ingrid Muñoz / Cultura Sucre
6:30–7:30 pm Tertulia: “Memorias de un rockstar. ¿Catarsis, exhibicionismo o marketing?”. Participan: Boris Felipe, Juan Carlos Ballesta y María Beatriz “Pata” Medina / Ediciones Puntocero
Salón Pizarra
6–6:45 pm          Charla con Humberto Márquez, autor del libro Su majestad el ron venezolano / Libros de El Nacional
7-7:45 pm            Charla: “Asesinatos más sonados del país” a propósito del libro  Al filo del delito de Santiago Gutiérrez / Librería El Mundo del Libro
8-8:45 pm            Charla: “Autopublicando un libro” a cargo de José Miguel Vásquez
Café
7–7:45 pm          Boleros interpretados por  Gladys Cartagena y su trío / Cultura Sucre

SÁBADO 30
Tarima
11- 11:30 am         Danza a cargo de las agrupaciones Parrandita del 19 y Orquídea / Cultura Sucre
11:45–12:15 pm Presentación: “La burra de Marizapa”  / Fundación Bigott
2:00–2:30 pm       Cuentacuentos a cargo de La rana encantada / Cultura Sucre
2:45–3:15 pm       Recital hip hop a cargo de Lil Keith y R1 Criptográfico / Cultura Sucre
3:30–4:00 pm       Danza y música tradicional a cargo de la agrupación Abilio Reyes / Cultura Sucre
4:15-4:45 pm         Muestra de danza urbana a cargo de Crazy for dance y Zapato con estilo /Cultura Sucre
5:00–6:00 pm       Conversatorio sobre las narrativas de la ficción. Participan: Carlos José León y Rolando Salazar / Libros de El Nacional
6:30–7:30 pm       Concierto poético: “Los expulsados de la ciudad” / Relectura
8:00 pm                   Tambor afrovenezolano a cargo del grupo Dale pa Bailá / Cultura Sucre
Salón Pizarra
3-3:45 pm               Presentación del libro ADN  Fatal. Participan: José Miguel Vásquez (autor) y Leonardo Laverde (presentador) / Edición de autor
4–4:45 pm             Presentación del libro Bifurcación: los venezolanos ante dos visiones de país. Autor: Roberto Casanova /  Asociación Civil Liderazgo y Visión
5-5:45 pm               Presentación del libro Tres fundamentaciones de la filosofía marxista en Venezuela. Participan: José Rafael Herrera (autor) y Jonatan Alzuru (presentador) / Ediciones EBUC UCV
6-6:45 pm               Lanzamiento del libro Bolivarianismo-militarismo, una ideología de reemplazo. Participan: Germán Carrera Damas (autor) y Ramón Hernández / Editorial Alfa
7-7:45 pm               Charla: “Leyendo con todo el cerebro” a cargo de Luis Arocha y Laura Montilla / Júpiter Editores
Café
7–7:45 pm             Boleros interpretados por Jorge Pereira / Cultura Sucre
Espacios libres
2–2:45 pm             Taller para niños “Arte en el barrio”  a cargo de la Fundación  Ipiar Tumerem / Cultura Sucre
3–3:45 pm             Presentación de “Chupeta” El Payaso / Cultura Sucre
4–4:45 pm             Presentación de “Firulete” El Payaso / Cultura Sucre
DOMINGO 31
Tarima
11:00–11:30 am Muestra de danza (Star of dance) y hip hop (Poética Expresión) / Cultura Sucre
12:30–1:00 pm    Espectáculo infantil de cuentos y cantos: “Me gusta leer”. Participan: Laura Montilla y Fabby Olano / Júpiter Editores
2:00–2:30 pm       Muestra de danza a cargo de Estrellas del Milenium. Solista: Jesús Guanipa / Cultura Sucre
2:45–3:15 pm       Hip hop. Participan: Pluk, Fam Cool  y The Feo MC / Cultura Sucre
3:30–4:00 pm       Baile tradicional de la agrupación Rumenan Potoruto / Cultura Sucre
4:15–5:00 pm       Recital de poesía: “Palabra de León” / Publicarte  y Alcaldía Metropolitana
5:30-6:15 pm         Ópera en la Plaza
6:30–7:15 pm       Presentación de la agrupación Bello Canto / Fundación Bigott y Cultura Sucre
7:45-8:15 pm         Recital de Salsa a cargo de la Orquesta Unión  / Cultura Sucre
Salón Pizarra
3–3:45 pm             Charla con Álvaro Benavides La Grecca  acerca del libroComunicación persuasiva / Libros de El Nacional
4–4:45 pm             Presentación del libro Manual de Autocoaching. Autores: Luis Arocha y Laura Montilla / Júpiter Editores
5–5:45 pm             Presentación del libro La máquina clásica. Autor: Roberto Echeto  / Alfaguara
6–6:45 pm             Presentación del libro La identidad secreta de Francisco de Miranda. Participan: José Chocrón Cohen (autor) y Dr. Abraham Levy Benshimol (presentador) / Editorial Alfa y Centro de Estudios Sefardíes de Caracas
7–7:45 pm             Presentación del libro Un hombre, un dilema, un magnicidio: Carlos Delgado Chalbaud. Participan: Ocarina Castillo (autora) y José María Cadenas (presentador) / Ediciones CDCH UCV
Espacios libres
2–2:45 pm             Taller para niños “Arte en el barrio”  a cargo de la Fundación  Ipiar Tumerem / Cultura Sucre
3–3:45 pm             Presentación de Sammy El Malabarista / Cultura Sucre
4–4:45 pm             Presentación de Escuela de Mimos / Cultura Sucre

domingo, 24 de julio de 2011

Nota de Prensa

Aquí esta escaneada la Nota de Prensa que publicó amablemente Mayte Navarro en el diario El Universal del sábado 23 de Julio de 2.011, muchas gracias!!

miércoles, 20 de julio de 2011

Segundo capítulo de ADN Fatal

Antes que nada, muchas gracias a todos los que leyeron el primer capítulo, y gracias por sus comentarios. Me gusta que les haya gustado, y quienes puedan, por favor publiqen los comentarios al final de la entrada para que le sean útiles a los otros lectores. Voy a publicar el segundo capítulo a continuación, y luego publicaré el tercero, que será el último. Espero que les guste.


2

Christian había quedado con su padre para almorzar a las doce y treinta, pero el caos en Las Mercedes era infernal. No le gustaba llegar tarde, pero lo impredecible del tráfico caraqueño era algo contra lo que no estaba acostumbrado a luchar. Intentó avisarle que estaba retrasado, pero recibió el buzón de voz al primer repique. 
    Los últimos cuatro años de su vida los había pasado entre Caracas y Boston, donde había cursado estudios superiores en la Universidad de Harvard. De niño quería ser médico, pero a medida que avanzaban sus estudios, su amor por las matemáticas le hizo reconsiderar. Terminó escogiendo la Ingeniería Biomédica, que combinaba ambas áreas. Gracias a que su padre era muy previsivo, había creado un fondo para sus estudios a muy temprana a edad, lo que le permitió costearle la prestigiosa universidad. Christian recordaba que siempre le había aconsejado que utilizase el fondo para ingresar en una de las universidades del Ivy League. Luego de graduarse, siguió estudios de postgrado, especializándose en Genética Molecular. Invariablemente destacó en sus clases y terminó graduándose con honores entre los primeros de su promoción. 
   Muy apegado a su familia, apenas culminó sus estudios, regresó a Caracas, pero el proyecto en el que estaba trabajando lo obligaba a viajar con mucha frecuencia. 
   Finalmente logró llegar al restaurante a las doce y cuarenta, donde su padre ya le esperaba en la barra, con un whisky en la mano. Padre e hijo, que no se veían hacía más de dos meses, se abrazaron efusivamente. 
  –Caramba, ya ni te acuerdas de este pobre viejo –dijo su padre con una sonrisa en los labios–. ¿Cómo has estado?
  –Sabes que siempre los tengo presentes, pero he estado ocupado en el laboratorio; no he tenido tiempo de nada últimamente– replicó Christian –. ¿Y tú cómo estás? ¿Y mamá y Daniel?
 –Todos bien, gracias a Dios. Vamos a ubicarnos –dijo, haciendo señas a un mesonero. 
  El restaurante se encontraba lleno, pero les tenían reservada una de las mejores mesas, ya que el señor Petersen era cliente habitual. El maître los recibió y les ofreció la carta de vinos, de donde eligió un Blanc de blancs. 
  –¿Desean las sugerencias del día ahora o vuelvo luego? 
 –Deja que me ponga al día con mi hijo, así tengo excusa para retenerle por más tiempo –contestó Petersen, guiñando un ojo al joven y sonriendo al maître. 
Christian llevaba jeans y camisa a cuadros mientras su padre vestía traje y corbata, como todos los días desde que Christian tenía memoria, costumbre que nunca logró inculcarle; prefería el estilo informal.
  –A ver, cuéntame cuál es el proyecto que te tiene tan ocupado como para hacernos una visita; parece que te hubiésemos corrido de la casa –bromeó el padre.
  –¿Recuerdas que te dije que estaba realizando una investigación y que tenía el presentimiento de que estaba a punto de lograr algo importante? –dijo Christian, quien después de graduarse se quedó investigando en la universidad, junto al profesor que le había servido de tutor en su tesis de grado. 
  –Lo recuerdo, aunque no me diste detalles. 
  El maître se acercó a la mesa preguntándoles si estaban listos para ordenar. Ambos aceptaron la sugerencia del día. 
  –Es un proyecto que nació de la interacción entre mi major y el postgrado. Déjame ver cómo te lo explico de forma sencilla. 
  –Me parece bien, recuerda que estudié Economía, y la biología nunca se encontró entre mis favoritas.
   –Ok, aquí voy. Avísame si no me sigues: un nano-bot es un robot cuyo tamaño es minúsculo, tan pequeño que no puede ser visto con un microscopio normal. Para que te hagas una idea, se necesitaría alinear cien mil nano-bots para tener el diámetro de un cabello humano. ¿Puedes hacerte una idea? –preguntó Christian.
  –Sí, hasta ahora te sigo sin problema, aunque no me lo puedo imaginar, creo que me quedé en los microscopios de 200X –dijo el hombre con una sonrisa.
  –Estos robots pertenecen al área de Robótica Molecular, ya que son creados a partir de moléculas de ADN –continuó el joven entusiasmado, interrumpiéndose al ver la cara de incredulidad de su padre, por lo que hizo una pausa.
  –Me estaba imaginando arturitos microscópicos, construidos con metal y circuitos electrónicos. ¿Quieres decir que estos robots ¡no sé cómo explicarlo!, no tienen piezas? –preguntó el señor Petersen, con la mano en la barbilla.
 –Efectivamente, toda su estructura se fabrica mediante la integración de moléculas, por lo que en cierto modo se podría pensar en ellos como seres vivientes– trató de simplificar Christian, que no estaba acostumbrado a hablar de estos temas con los no iniciados. Sin embargo, había llegado a un punto en el que quería compartir sus logros con su padre.
  –Mentiría si dijera que me lo imagino, pero creo que aún te sigo en la idea principal.
 –Lo importante es que estos nano-bots pueden ser programados para reconocer el medio ambiente en que se encuentran y reaccionar de acuerdo a ciertos parámetros. Por ejemplo, podrían detectar trazas de enfermedad en una célula, identificando si es cancerosa, y en caso positivo, traer un componente para matarla, impidiendo su propagación.
 –¿Estás en la vía de conseguir la cura del cáncer? –dijo, sorprendido. Siempre había pensado que la inteligencia de su hijo era excepcional, pero esto iba más allá de cualquier valoración. Christian rió y dando un sorbo a su copa de vino, prosiguió:
  –No te adelantes a los acontecimientos, esto apenas es el comienzo de un campo que en el futuro puede ser de dimensiones  inimaginables; el número de aplicaciones es ilimitado, desde curar una simple gripe sin tomar medicamentos hasta sustituir las operaciones altamente invasivas de hoy en día, pero el camino por recorrer es largo. –Un mesonero se acercó a la mesa con la comida, que consistía en crema de mariscos y paella a la marinera. Después de servirles más vino se retiró. 
   –Pero estos robocitos, ¿son algo teórico?
   –Son una realidad. En el laboratorio tengo cientos de ellos.
   –Hijo, cuando dices “tienes”, ¿te refieres a que son tuyos tuyos, es decir, es un proyecto personal?, ¿o es parte del trabajo de algún laboratorio o empresa? 
  –Es un proyecto personal basado en descubrimientos que he ido haciendo –contestó Christian, divertido al ver como crecía el asombro de su padre.
  –Mmm, me imagino que tendrás idea del potencial económico que representa un descubrimiento como ése.
  –Por supuesto. No tendré un master en Economía, pero sé sumar dos más dos; de paso las matemáticas se me dan bastante bien –replicó Christian riendo.
 –Entonces me imagino que ya habrás registrado una empresa, asegurado la propiedad intelectual y obtenido las patentes que hacen falta para protegerlo.
  –Apenas ahora comienzo a ocuparme de la parte administrativa, todo ha sucedido muy rápido –titubeó Christian. 
  Con más de treinta años de experiencia en las finanzas, Petersen sabía que el mundo corporativo estaba infestado de tiburones esperando ver una gota de sangre para atacar; aunque consideraba a su hijo una persona sumamente inteligente, pensaba que no estaba preparado para enfrentarse a las intrigas empresariales que se urdían a las espaldas de muchachos brillantes como él. Luego de reflexionar un momento, colocó su mano en el hombro de su hijo, y le dijo: 
  –La historia está llena de científicos a los que robaron sus ideas, comenzando por la invención del teléfono, cuando Graham Bell patentó primero que Merucci el aparato en 1876. Quizás es aún más importante proteger un invento que el mismo acto de su creación, y los científicos fallan mucho en este aspecto; no quisiera que te ocurriese algo como eso con un descubrimiento que, no sólo puede hacerte muy rico, sino que te haría ingresar en los registros de la historia. Cuéntame que has hecho para protegerte.
 –Comencé a trabajar en este proyecto apenas terminé mi postgrado, hará aproximadamente cinco años. En principio era pura curiosidad científica, pero de repente se me ocurrió lo de los nano-bots y me aboqué a desarrollar la idea. El Dr. Kreinter, quien fue mi tutor, hombre excepcionalmente inteligente, me alentó a seguir, viendo el enorme potencial de lo que tenía entre manos. Como el costo era astronómicamente elevado por la sofisticación de los equipos y materiales necesarios, prometió buscar a alguien interesado en financiar la investigación. Los avances que ha hecho en Genética Molecular le han granjeado acceso a los círculos más influyentes de la industria; un día me dijo que tenía el candidato perfecto para apoyarme. Así fue como apareció un angel investor, el Dr. Rinhaldi. Lo curioso es que este hombre no esperaba obtener dinero en retorno por el capital que iba a aportar –suma que inicialmente ascendía a cinco millones de dólares–; Rinhaldi sufre una extraña enfermedad degenerativa que ataca sus células y para la cual no existe cura. Kreinter, quien fue su compañero de estudios, por lo que son amigos hace más de tres décadas, le habló de mi trabajo y de las posibilidades de tratar su condición con la técnica que yo comenzaba a delinear. Éste, quien tenía confianza absoluta en mi tutor, aceptó y así nació el proyecto. 
  –¿Qué tipo de acuerdo hicieron? Supongo que habrán redactado algún contrato –preguntó el señor Petersen, apurando el último trago de vino de su copa.
   –Se estableció una compañía, Petersen Genetics Enterprises, Inc., con base en Boston, de la cual yo poseo el cuarenta por ciento y Rinhaldi el sesenta restante. Además, firmé un acuerdo que me compromete a darle prioridad al tratamiento de la enfermedad de mi socio. En éste queda claro que haré cuanto esté a mi alcance para lograrlo, pero me libera de cualquier responsabilidad en caso de que no sea posible. El Dr. Rinhaldi me ha demostrado ser un hombre extremadamente bondadoso, hasta el punto de que una cláusula establece que en caso de que muera, sus acciones pasarían a mi nombre. Nos hemos hecho grandes amigos, y deseo de corazón poder ayudarlo.
   –Suena bien. Pero como el diablo sabe más por viejo... me gustaría echarle una ojeada a los documentos, si no te importa.
   –Por supuesto, igual pensaba mostrártelos. Los tengo en mi laptop, los voy a imprimir y te los llevo a la casa; estoy impaciente por ver a mamá y a mi hermano. Además sólo hemos hablado de mí, quiero que me cuentes cómo van tus negocios.
   –Brindemos por ello. Que el proyecto sea todo un éxito y de veras agradezco tu confianza –dijo el padre, mientras entrechocaban sus copas en un brindis.
  –No tienes nada que agradecer, eres la persona en quien más confío en este mundo –dijo Christian mirándolo con afecto.


Al salir del restaurante, Christian se incorporó al tráfico que avanzaba lentamente por la Avenida Río de Janeiro, cuando una llamada entró a su móvil.
  –Hola Chris, ¿Cómo va todo por allá abajo?–  dijo la voz del Dr. Rinhaldi, quien llamaba desde Boston.
   –Perfecto, ¿Cómo está usted?
   –Muy bien. Llamo para decirte que acaban de llegar los resultados de los análisis de laboratorio que esperabas. ¿Quieres que te los envíe por FedEx?
   – No, tengo que ir para allá la próxima semana, gracias.
   –Ok, nos veremos entonces. Cuídate.
   –Lo haré. Usted también. Hasta pronto. 
  El Doctor Rinhaldi era un hombre muy rico, al que la suerte le había sonreído en los negocios: era el principal accionista de una gran compañía farmacéutica, la cual había fundado al terminar sus estudios en Harvard. Logró hacerse con la patente de un medicamento que ayuda a controlar los niveles de glucosa en pacientes diabéticos, lo que impulsó a Rhin Pharmaceuticals hacia los primeros lugares de la industria. Hoy en día es una compañía multimillonaria que cotiza en la bolsa de Nueva York. 
  Sin embargo, su vida se había convertido en una pesadilla diez años atrás, cuando su esposa regresaba a su casa en su vehículo con sus dos hijos de nueve y once años, y un conductor imprudente los embistió de frente, matando a sus tres ocupantes. El chofer se encontraba bajo los efectos del alcohol, y aunque los abogados lograron conseguir una condena de cadena perpetua, nada le devolvería lo que más amaba: su única familia. 
 En un abrir y cerrar de ojos, su vida dio un vuelco de ciento ochenta grados. Abandonó su cargo como director de la compañía, cayendo en una profunda depresión que lo mantuvo encerrado en su casa durante más de dos años. Kreinter, su mejor amigo, se encargó de cuidarle e hizo todo lo posible para convencerlo de que tenía que seguir adelante, infructuosamente. Su salud comenzó a desmejorar y finalmente lo obligó a realizarse un chequeo médico, cuyo diagnóstico fue una extraña condición degenerativa que afectaba sus células, la cual, pese a toda la investigación que realizó su amigo, no parecía tener tratamiento.
  Irónicamente, el diagnóstico fatal fue lo que le hizo salir de su aletargamiento, y poco a poco superar la depresión, al concentrarse en esa nueva desgracia que se cernía ante él. En ese momento apreció la vida y se dedicó con todas las energías que le quedaban, a tratar de conseguir una forma de superar su enfermedad. Recorrió las mejores instituciones médicas, no sólo de los Estados Unidos, sino que fue a cualquier lugar del globo donde se vislumbrase alguna posibilidad –aunque fuese remota– de tratar su condición, sin obtener resultados. 
  Probó la medicina alternativa con la misma suerte. Un día, Kreinter le habló de un estudiante brillante al cual tutoraba en su tesis de postgrado, y sin crearle falsas expectativas, le explicó los rudimentos de la investigación que Petersen estaba realizando. Concertaron una cita, y así fue como el doctor Rinhaldi conoció a Christian, quedando impresionado por sus avances y por la pasión que demostraba. El joven investigador le dejó claro desde un principio que  su trabajo era teórico, que no había hecho pruebas experimentales ya que no tenía acceso a los sofisticados equipos necesarios para realizarlas. Inmediatamente el doctor le ofreció su apoyo incondicional y se postuló como accionista de una compañía que a las claras podría llevar al científico a la cima de la medicina mundial. 
  Christian, una persona recta y honesta –como se lo había inculcado su padre–, le repitió que no podía darle ningún tipo de garantía; uno de los factores de más peso era que no se sabía exactamente cuánto tiempo le quedaba al doctor hasta que su condición alcanzase la etapa terminal. Rinhaldi entendía perfectamente sus argumentos, pero al fin había conseguido una tabla de salvación a la que aferrarse; lo único que había recibido hasta entonces eran negativas en todas las puertas que había tocado. Petersen Genetics Enterprises, Inc. nació como consecuencia de esa reunión.


Durante los períodos que pasaba en Caracas, Christian trabajaba en su apartamento. Como regalo de graduación, sus padres le habían comprado un pent–house en un edificio en construcción en la urbanización Valle Arriba, lo cual interpretó como una señal de que querían que se estableciera en la ciudad, cerca de ellos, algo nada común para un graduado de Harvard, ya que las compañías norteamericanas generalmente hacían atractivas ofertas a los mejores estudiantes; sin embargo, el joven siempre tuvo la intención de regresar junto a su familia. 
   Casi la totalidad del espacio contaba con ventanales panorámicos que brindaban una espectacular vista de la ciudad. Christian hizo demoler las paredes internas para convertirlo en un loft; mandó colocar piso de parquet en los doscientos cincuenta metros cuadrados, y lo decoró al estilo minimalista. Amplias puertas de cristal daban acceso a una terraza que rodeaba todo el apartamento.            El resultado fue un espacio sumamente acogedor, que siempre extrañaba cuando se encontraba en Boston, donde tenía alquilado un apartamento de cuarenta y cinco metros cuadrados dentro del campus de la universidad. 
   Había estado toda la tarde leyendo unos artículos del Biomedical Journal que trajo consigo. Un gato siamés, que posiblemente pertenecía a alguno de sus vecinos, estaba enroscado en sus pies mientras leía. Era muy cariñoso y siempre buscaba colarse por alguna ventana, probablemente porque le abría una lata de atún o le daba un poco de leche. Lo llamaba Chester y disfrutaba mucho de su compañía en el enorme apartamento; siempre le hacía reír con su comportamiento. 
   Quedó en verse con Juan Manuel, su mejor amigo, en uno de sus restaurantes favoritos a las nueve de la noche, para una cena ligera y unos tragos. Eran pasadas las ocho, por lo que se fue a la ducha; había estado inmerso en la lectura y el tiempo se le había escurrido. Chester maulló cuando se levantó de la silla siguiéndole hasta el baño, donde se tendió cuan largo era en la alfombrilla. De sus treinta y dos años de vida, había sido amigo de Juan Manuel los últimos veintiocho.
   Se conocieron cuando ingresaron en el Colegio Los Arcos; a partir de allí se forjó una amistad para toda la vida. Eran prácticamente como hermanos; practicaron los mismos deportes y compartieron las mismas aficiones. Cuando terminaron el bachillerato, tomaron caminos diferentes ya que Juan Manuel ingresó a la Universidad Simón Bolívar para estudiar Ingeniería de Producción mientras Christian se iba a los Estados Unidos. 
   Eso no mermó su amistad, ya que se mantenían en contacto a través de internet y se reunían en vacaciones. Juan Manuel se casó con una compañera de la universidad. Tenía una hija de cuatro años, Verónica, de la cual Christian era padrino. 
   Se vistió rápidamente y faltando cinco minutos para las nueve, entregaba las llaves de su camioneta al encargado del estacionamiento. Pocos minutos más tarde llegó su amigo, quien se dirigió a él con la mano extendida para saludarle:
    –¿Qué paso bro, que dice el cerebrito de Harvard?
  –Todo bien, ¿y tú que cuentas? –contestó Christian mientras estrechaban manos y se daban un rápido abrazo– ¿Cómo están Jeannette y Verónica?
     –Muy bien, Verónica preguntando por su padrino. 
     Se sentaron en una mesa y ordenaron sendas cervezas. 
  El sitio se encontraba medio lleno y el ambiente era muy agradable; a ambos les gustaba el lugar, que siempre tenía música en vivo, pero permitía conversar tranquilamente. Un mesonero condujo a una pareja hasta una mesa cercana. Christian reparó en la muchacha, que poseía una belleza sorprendente. Alta, con una cabellera oscura que le llegaba hasta la cintura, ojos almendrados color miel y piel canela, lucía un mini vestido blanco que se ajustaba a la perfección a su escultural figura; sus piernas eran perfectas. Pensó que quizás era la mujer más bella que había visto en su vida. No podía apartar la mirada de la chica, quien se dio cuenta y le dedicó una sonrisa que a Christian se le antojó sumamente sensual. 
Los dos amigos nunca habían tenido secretos, por lo que Juan Manuel estaba al tanto del proyecto de Christian. Aunque existía una cláusula de confidencialidad en el contrato celebrado con el Dr. Rinhaldi, que expresamente indicaba que ninguna de las partes debía revelar detalles de la investigación a terceros, Christian sabía que podía confiar en su amigo. 
    –A ver, cuéntame cómo están tus hijos–robots.
    –He realizado muchos avances últimamente. Logré establecer una colonia de nano-bots que pueden trabajar en conjunto, ya que al ser organismos simples sólo pueden ser programados para realizar una tarea a la vez –explicó Christian–. Al crear una colonia, las tareas se pueden distribuir entre sus miembros, lo que les hace capaces de ejecutar procedimientos más complejos. 
  –Que bien, suena como un gran avance –dijo Juan Manuel terminando su cerveza mientras hacía señas el mesonero para que trajera dos más. Habían ordenado fajitas, las cuales trajo el mesonero en una parrilla que desprendía un agradable olor. Christian se distrajo nuevamente observando a la chica mientras pensaba que era una lástima que estuviese acompañada. Saliendo de su ensimismamiento, preguntó:
   –¿Cómo te está yendo a ti? Me comentaste que no estabas muy contento con tu trabajo. –Se desempeñaba como Jefe de Producción en una empresa mediana en el área alimenticia, muy conservadora y que no le permitía aplicar sus conocimientos; simplemente tenía que garantizar que la producción fluyese, lo cual le frustraba, ya que era sumamente capacitado e inteligente.
    –Las cosas no han cambiado. Cada nueva propuesta que realizo se sigue estrellando contra la junta directiva –dijo con tristeza en su voz–. Realmente estoy hasta los cojones, lo malo es que el mercado laboral está muy deprimido y no he conseguido una mejor oportunidad. Ya sabes que tengo una gran responsabilidad para con mi familia; no puedo estar inventando. 
     Desde que su amigo le había manifestado esa inquietud, Christian daba vueltas al asunto; no sólo por el hecho de querer ayudarlo, sino porque lo consideraba un profesional competente, además de una persona en la que podía depositar su confianza absoluta. Comenzó a madurar la idea de llevárselo a Boston para que se encargase de los procesos productivos de su naciente empresa; lo había consultado con Rinhaldi, quien al principio se mostró un poco escéptico, pero le convenció cuando argumentó a su favor el factor confianza y la protección del secreto industrial; además le aseguró que Juan Manuel estaba más que capacitado para asumir el reto. No le había querido comentar nada para no crearle falsas expectativas, pero consideró que era el momento oportuno.
   –Juanma, he estado pensando y creo que está llegando la hora de que Petersen Genetics se convierta en una empresa productiva, tanto a mi socio como a mí nos gustaría mucho tenerte entre nuestras filas. Por supuesto, eso implicaría mudarte con tu familia a Boston, pero dada la situación de este país, no creo que haya mucho que pensar. Sólo tendrías que convencer a Jeannette. –Los ojos de su amigo se iluminaron con una chispa que no veía desde que eran adolescentes. 
    Tomó toda la cerveza que le quedaba de un solo trago y con la voz quebrada por la emoción, dijo:
  –Hermano, no creo que eso sea un problema, pero así tenga que darle un sedante me la llevo –bromeó–. Christian, ¿no me estás ofreciendo ese trabajo por lástima, verdad? ¿En serio piensas que puedo serles útil?
  –Por supuesto, en caso contrario no te lo propondría. Bien sabes que en lo que respecta al trabajo soy muy cuidadoso. 
   –En ese caso cuenta conmigo –replicó Juan Manuel, que no cabía en sí mismo–. ¿Eso para cuándo sería?
   –Deberías estar instalado en Boston dentro de cinco meses, tiempo más que suficiente para arreglar tus asuntos aquí, incluyendo las visas y los trámites administrativos.
   –Dame un pellizco para asegurarme de que no estoy soñando. Justo hace unos días hablé con Jeannette de la posibilidad de renunciar, pero no llegamos a nada porque el sueldo de ella no es suficiente para mantenernos mientras consigo otro empleo. 
   Cuando llegó la cuenta, la cual Juan Manuel insistió en pagar, Christian continuaba observando a la mujer de la mesa contigua. No hizo ningún comentario para evitar ser objeto de las bromas de su amigo. Al levantarse para irse, seguía mirándola; no podía quitarle los ojos de encima. Cuando llegaron a la puerta, se volvió a mirarla por última vez y le pareció que la chica le picaba un ojo, pero no estaba seguro. Se dijo a sí mismo que parecía un adolescente; con una sonrisa en los labios continuó su camino mientras Juan Manuel decía algo que no llegó a escuchar, ya que su atención estaba fija en la chica.

miércoles, 13 de julio de 2011

Entrevista por Kroana

Kroana me hizo una entrevista, pueden leerla aquí. De paso, disfruten su blog!!

Primer Capítulo de ADN Fatal

Estimados lectores, antes de continuar con la serie de artículos acerca de la escritura de un libro, voy a publicar el primer capítulo de ADN Fatal. Espero que lo disfruten. Sin más preámbulos, aquí está:

1


Eugenia, la oficial de guardia, estaba con las piernas sobre el escritorio leyendo una novela rosa cuando la señal de alarma en uno de sus monitores se activó. Siguiendo los procedimientos de la compañía para la que llevaba seis meses trabajando, presionó un botón que realizaría una llamada a la casa de Corina Salgado, de donde provenía el aviso que reflejaba la pantalla.
    El sistema de seguridad que Corina había instalado hacía un año, seguía siendo lo último en una Caracas donde la inseguridad era escalofriante. Puertas y ventanas se encontraban entrelazadas electrónicamente a un dispositivo que ante cualquier irrupción, dispararía la alarma en la central de Guardian Dogs. 
    Después de numerosos repiques, saltó la contestadora automática, ante lo cual la oficial procedió a llamar al celular de la señorita Salgado y tampoco obtuvo respuesta. Inmediatamente, una señal electrónica con la dirección fue enviada por el moderno sistema a los dispositivos con GPS incorporados a los vehículos ubicados en las inmediaciones de La Castellana, donde se encontraba la casa de Corina. El supervisor de guardia entró en el salón de monitoreo para verificar que los procedimientos estuvieran activados, y se dirigió a la oficial:
     –¿Has podido comunicarte con el inmueble?
    –No hubo respuesta ni en el fijo ni en el móvil, ya se ha enviado la señal –respondió Eugenia. –En la pantalla del computador apareció un mensaje que indicaba que el vehículo 13-47 se encontraba en camino, con tiempo de llegada estimado en cuatro minutos. Eran las diez y doce minutos de la noche.
    –Como estos aparatos sigan avanzando, en cualquier momento nos quedamos en la calle –comentó el supervisor. La oficial rió, asintiendo. 
     Al mismo tiempo, otra señal de alerta se disparaba, esta vez desde una quinta en la urbanización El Cafetal. La llamada fue atendida al segundo repique, y el hombre que contestó, indicó que se trataba de una falsa alarma. Después de desearle las buenas noches, Eugenia colgó y se enfocó nuevamente en los monitores.


Pérez y García, los oficiales de seguridad que se encontraban en el vehículo 13-47, circulaban por la Avenida Libertador en dirección este-oeste cuando la pantalla instalada en la consola emitió una señal solicitando apoyo en la Quinta La Arboleda, a seis cuadras de su actual locación. García, el copiloto, quien había ingresado a la compañía tres semanas atrás, presionó un botón en la pantalla táctil, indicando al sistema que responderían al llamado. Pérez giró a la derecha –según indicó el GPS– lo cual los conduciría a la Avenida Francisco de Miranda, desde donde llegarían a La Castellana para empalmar con la Avenida Luis Roche. En tres minutos llegaron y tras estacionar, se acercaron a la casa. El garaje de la quinta estaba abierto; en su interior se encontraba un vehículo. Avanzaron hacia la entrada, descubriendo la puerta entornada. 
   –Mosca, puede haber alguien dentro –susurró, desenfundando su Glock nueve milímetros. Siendo Guardian Dogs un servicio privado de seguridad, sus empleados no iban armados, pero como ex policía que era, Pérez tenía porte de armas.
   –¿Coño y ahora qué? –fue lo único que atinó a decir García, cuyas manos comenzaron a sudar; era su primer caso. Por el contrario, Pérez, con experiencia en este tipo de situaciones, se encontraba calmado pero alerta. Pidió por señas a su compañero que abriera la puerta despacio y sin hacer ruido, mientras se colocaba a un lado de la misma con su arma lista. La casa se encontraba a oscuras excepto por una luz que se filtraba de una puerta entreabierta al fondo. Pérez nuevamente le hizo señas para que lo siguiese, desplazándose tan sigiloso como un gato. 
   Cuando habían avanzado unos pasos, una sombra pasó rápidamente a su lado y García estuvo a punto de gritar. Pérez –quien logró ver gracias a la luz de la luna que se filtraba a través de un ventanal a su izquierda que se trataba de un perro pequeño–, atinó a tapar su boca. El perrito, gruñendo, corrió hacia la puerta de la cual procedía la luz, mientras los dos hombres se amparaban tras una biblioteca. Transcurrieron varios segundos en tensa calma, que a García parecieron una eternidad; Pérez supuso que probablemente no hubiera nadie allí dentro, ya que el perro había hecho suficiente ruido como para haber alertado a cualquier intruso, y decidió continuar. Avanzaron por el pasillo que llevaba al cuarto del fondo, Pérez en posición de combate y García a la retaguardia, sudando copiosamente y sintiendo un terror que casi le paralizaba. Se apostaron cada uno a un lado de la puerta entreabierta, Pérez a la izquierda listo para proceder. Hizo señas a su compañero para que la abriese, de forma de tener una vista completa de la habitación. Cuando éste empujo la puerta, se asomó cautelosamente; se trataba de un dormitorio. 
     En la cama, en extraña posición, se encontraba el cuerpo desnudo de una mujer, boca abajo. García avanzó rápidamente, cubriendo cada centímetro del cuarto con su pistola, y rápidamente fue hacia el baño adosado a la habitación. Regresó luego de verificar que no había nadie; García, petrificado, observaba el cuerpo con ojos dispuestos a abandonar las órbitas. La experiencia que le brindaban más de veinte años en cuerpos policiales y seguridad privada, le decía que no debían tocar nada. Cautelosamente tomó el pulso de la mujer.
     –Creo que está muerta, pide ayuda –dijo a García.
     –¿Mu-muerta, estás seguro? –tartamudeó.
     –Casi seguro. 
   Pérez marcó el 171 desde su celular y explicó la situación a la operadora. El perro, un yorkshire terrier, se montó en la cama, olisqueando a su dueña. García lo espantó con un movimiento de la mano, evitando que contaminase la escena.
     –¿Un homicidio? –preguntó García, conmocionado.
     –No lo sé, esto me parece extraño.
     –La alarma sonó, y no creo que haya sido el perro. 
    Dos efectivos del CICPC entraron en la habitación. El que lucía como el más experimentado pidió que los pusieran al tanto; García relató los hechos, mientras el otro chequeaba los signos vitales de la mujer.
      –Ésta está fría.
      –¿Asesinato?
  –Tiene marcas de estrangulamiento, pero no he querido profundizar para que los forenses puedan hacer su trabajo. 
      –Central, aquí Martínez. Envíen al forense.
      –Recibido Martínez, ¿Necesitan apoyo?
      –Negativo, Central. Todo en calma.  
     –Agente Danilo Martínez, y mi compañero el agente Rodríguez –se presentó el funcionario–. ¿Se aseguraron de que no hay nadie?
    –Andrés García y Raúl Pérez, a sus órdenes –respondió García mientras los cuatro hombres intercambiaban un rápido apretón de manos–. Tan sólo revisamos nuestra vía de entrada; procedimos a llamarlos ya que esto escapa de nuestra jurisdicción; sin embargo, todo se veía en calma. 
      –Revisemos –dijo Martínez dirigiéndose a su compañero. 
     La habitación era espaciosa y estaba decorada con buen gusto. A la derecha de la cama una peinadora a juego con ésta, sobre la cual había un espejo. A la izquierda, en una biblioteca modular había algunas novelas, aunque la mayoría de los libros eran de Publicidad. Al frente, un pantalla plana y una confortable silla completaban el mobiliario. 
    La mujer se encontraba tendida en la cama boca abajo, con el brazo derecho colgando como si su última intención hubiese sido alcanzar la peinadora. Una cabellera azabache cubría su cabeza, ocultando el rostro. Su ropa, sin orden aparente se encontraba dispersa por la habitación. Los policías entraron nuevamente; la casa se encontraba vacía, por lo que el asesino debía haber huido tras cometer el crimen. El equipo forense llegó y Martínez se adelantó para recibirlos.
     –Escovar –dijo, estrechando la mano del doctor.
  –Me alegra verte. ¿Qué tenemos aquí? –preguntó el forense mientras realizaba un reconocimiento general de la escena.
Efectivos y técnicos continuaban llegando a la casa; la actividad era febril, cada uno realizando su trabajo. Mientras los fotógrafos se encargaban de retratar cada centímetro y los forenses preparaban sus equipos, la policía científica buscaba posibles huellas dactilares y etiquetaba cualquier elemento que pudiese servir a la investigación. 
     Pérez y García se acercaron a la puerta de la casa, donde había un pandemónium de luces rojas y azules, patrullas –tanto de la policía municipal como del CICPC–, una ambulancia, la furgoneta forense, periodistas y gran cantidad de personas atraídas por la intensa actividad. La zona fue acordonada con cinta amarilla, estableciendo el perímetro de la escena del crimen.


Un hombre de unos sesenta años trataba de abrirse camino entre los curiosos que buscaban cualquier detalle que alimentase su morbosidad. Parecía desesperado; después de un rato logró llegar hasta dos efectivos que controlaban el acceso a la escena.
    –¿Quién está a cargo? –inquirió–. Déjeme pasar.
  –Lo siento señor, el paso está prohibido –contestó el policía, conteniendo al hombre que trataba de entrar a como diera lugar.
   –Tengo que ver. ¿Qué le ha pasado a mi hija? –dijo el hombre poniendo sus dos manos sobre el pecho del policía. 
   –¿Usted es el padre de la v..? –se interrumpió–. Espere aquí un momento –dijo, mientras se daba la vuelta y se acercaba a un hombre que daba órdenes a diestra y siniestra.
    –Inspector, mejor venga conmigo, aquí está el padre de la víctima. Será mejor que usted hable con él –dijo al inspector, quien le fulminó con la mirada.
   –¿Será que yo tengo que hacerlo todo en esta vaina? –contestó el hombre, malhumorado–. Parecen una partida de novatos, ¿Qué coño hicieron en la academia? 
  Comenzó a caminar hasta que llegaron al punto donde se encontraba el señor. Cuando apareció en el primer cerco, los reporteros se abalanzaron con sus cámaras y micrófonos haciendo preguntas. Sólo les dirigió una mirada asesina, y tomando al hombre por el brazo lo llevó adentro. Nunca era una tarea fácil comunicar el fallecimiento de un ser querido, y menos aún cuando se trata de un crimen. Sin embargo, había pasado por esa situación infinidad de veces. Extendiéndole su mano, dijo:
     –Inspector Carlos Orellana.
  –Marcos Salgado. He recibido una llamada de una vecina diciéndome que la casa de mi hija estaba llena de policías. ¿Qué ha ocurrido? –dijo el hombre, estrechando la mano del inspector, quien notó su marcado acento español.
    –Me temo que no le tengo buenas noticias, amigo. Se ha cometido un crimen, y me temo que la víctima podría ser su hija.
  –¿Un crimen? ¿Qué tipo de crimen? –dijo el señor Salgado, tratando de albergar esperanzas, aunque presentía lo peor.
   –Al parecer, alguien ha irrumpido en la vivienda; conseguimos el cuerpo de una mujer sin vida –informó el inspector.
Salgado se puso lívido, recibiendo el choque de la noticia que inconscientemente estaba esperando, como un tren de alta velocidad colisionando contra una bicicleta. Con un hilo de voz, tomó al inspector por el brazo y dijo:
    –Tengo que verla, por favor lléveme allá.
   –No creo que sea buena idea en este momento, los equipos de la policía trabajan en la escena y no podemos permitir que sea contaminada –explicó Orellana.
   –Por favor, al menos eso me lo deben, necesito estar seguro de que se trata de mi pequeña, a lo mejor es un error– le suplicó.
   –No creo que se trate… Déjeme ver qué puedo hacer. Quédese aquí un instante –dijo alejándose hacia la habitación donde yacía muerta –asesinada– la hija del desafortunado hombre.
    Al cabo de un momento regresó y le pidió que le acompañase. Al llegar a la puerta, Salgado no tuvo duda de que se trataba de su hija, cuyo cadáver había sido movido y se encontraba en una posición que ofrecía una vista frontal del cianótico cuerpo. No más verla, se tapó la cara con las manos y comenzó a llorar. Orellana le dio dos palmadas en el hombro. Tomándolo por los hombros, con una mirada que reflejaba una mezcla de dolor y  rabia, el padre de Corina dijo:
     –Tienes que agarrar al hijoeputa que ha hecho esto. 
Acto seguido se desplomó hacia Orellana, quien tomado por sorpresa casi cae al suelo cuando todo el peso del hombre le cayó encima. Sosteniéndolo, llamó al efectivo que tenía más cerca y le dijo que buscase a los paramédicos con urgencia. El funcionario salió a la carrera, y regresó con un hombre y una mujer que se encontraban en la ambulancia. Orellana había acostado al señor Salgado en el suelo y trataba de reanimarlo. La mujer le preguntó qué había ocurrido y el inspector describió rápidamente los acontecimientos; con eficacia, tomó las medidas habituales de resucitación cardio-pulmonar y le transportó a la ambulancia, la cual salió a toda velocidad rumbo a la clínica. 

sábado, 2 de julio de 2011

Escribiendo un libro

A raíz de la publicación de ADN Fatal, muchas personas se han acercado a mí preguntando acerca del proceso. Muchos han manifestado el deseo de escribir un libro, pero no se han atrevido. Otros quieren saber que tan complejo es el proceso per se. Algunos me han preguntado si estarán en la capacidad de hacerlo. Para contestar a estas y algunas otras inquietudes, he decidido publicar una serie de entradas en el blog que traten de orientar a todos aquellos que de alguna forma u otra tienen una idea para escribir una historia, o les llama la atención el tema.


Debo comenzar diciendo que no soy ningún experto en la materia, ni poseo fundamentos teóricos profundos acerca del tema, pero lo que si puedo -y voy a hacer con mucho gusto- es explicar el proceso que me llevó a mí a la culminación y publicación de ADN Fatal.


Para poder hacer esto, hay varias áreas que deben ser tratadas; viéndolas desde un nivel macro, serían:
  • Concepción de la obra.
  • Elaboración del manuscrito.
  • Edición y correcciones. 
  • Impresión.
  • Distribución, y finalmente
  • Mercadeo.
Estas áreas, son a la vez, las etapas a través de las cuales deberá evolucionar el proceso desde la idea original hasta el momento que la obra se comercializa. Varias personas me han hecho la pregunta directa: ¿Tú crees que yo podría escribir una novela? Desde el punto de vista metafísico, cualquier cosa que nos propongamos, si lo hacemos con la suficiente fe y entrega, lo podemos lograr. Por tanto mi respuesta siempre es un sí rotundo. Pero hace falta una aclaratoria. Cuando pedimos algo al universo, este nos lo concede, no importa lo complejo y difícil de alcanzar que parezca, pero -siempre hay un pero-esto sólo sucede cuando nosotros coadyuvamos. Cuando mencioné "la suficiente fe y entrega", esas son las letras pequeñas. Antes de comenzar, quiero hacer un aparte para mencionar las "cualidades" o virtudes que debe tener una persona que se disponga a completar una empresa como la que nos ocupa. A lo mejor las tienes todas, tienes algunas, o algunas medias, otras sí y otras no, pero lo importante es que estes consciente de ello y te prepares. Cualquiera de las siguientes en la que te sientas vulnerable, refuérzala.

1. Ser un lector empedernido. Lo han expresado muchos autores, voy a citar a mi autor preferido:
 "If you don't have time to read, you don't have the time (or the tools) to write. Simple as that." 
— Stephen King
 La traducción: "Si no tienes tiempo para leer, no tienes el tiempo (ni las herramientas) para escribir. Tan simple como eso". Es necesario leer mucho para poder escribir bien, si se estudian los textos de las obras de un determinado género que son exitosas, se puede reconocer en ellas una especie de patrón que las identifica. No es una fórmula, ya que cada escritor tiene su propio estilo, tampoco se trata de imitar, pero la forma de presentar eventos, de resolver situaciones, siguen ciertos parámetros,los cuales pueden ser rotos y vueltos a romper cuantas veces quieras, pero siempre que lo hagas con la conciencia de lo que estás haciendo. Lo complejo es que cada autor es único e irrepetible (a menos que este copiando) pero los patrones aún prevalecen. Por tanto, leer mucho nos prepara para enfrentar la tarea de resolver situaciones, describir correctamente, etcétera. Podría extenderme mucho en el tema, pero lo cierto es que mientras más leas, mejor; o mientras más hayas leído, mejor. Yo, particularmente, estoy leyendo desde muy temprana edad, y es difícil hacer un cálculo, pero traté de pensarlo y llegué a la conclusión de que debo haber leído aproximadamente entre 400 y 500 novelas. Pero es que a mi realmente me gusta leer. No digo que sea necesario tanto, pero mientras más mejor. Sobre todo es importante que hayas leído obras en el género en el cual piensas atrincherarte para escribir ese éxito que tienes en mente. Leer los autores más destacados en el área, los que más venden, los mejores vistos por la crítica. Luego hablaremos de ello, pero no hay que tratar de imitar a nadie. Tienes que ser tu mismo al escribir, pero la influencia de esos autores se dejará ver en las líneas producidas.


2. Tener una vasta cultura general. Aunque debería ser consecuencia directa del punto anterior, no necesariamente es así. Por ejemplo hay gente que lee mucho, pero de un mismo género, y por supuesto que eso aporta mucha cultura, pero tal vez no cubre todas las áreas. Para poder escribir cosas que sean interesantes -y sobre todo creíbles- para nuestros lectores, es necesario dominar muy bien las diferentes áreas que mencionamos en nuestros escritos, y esto incluye entre otras cosas, entender el lenguaje utilizado por determinados grupos (abogados, médicos, malhechores, banqueros, jóvenes, inmigrantes o cualquiera otro que forme parte de la trama) para que la prosa se pueda sustentar; es necesario conocer la geografía del lugar donde nuestra historia se basa, eso transmite credibilidad y permite al lector identificarse con el texto; es necesario conocer las tendencias en moda y costumbres de la época donde la historia está basada, para poder hacer una buena ambientación. Cuando vistes a un personaje, tienes que hacerlo con la conciencia de que esa ropa que le adjudicaste era factible en la época (y que además está acorde con la caracterología del personaje, pero eso es otra tema); podría extenderme acá también, pero creo que está clara la idea. Como autor, eres el dios del entorno que describes, y así debes actuar, esto se traduce simplemente en tener una gran cultura general para cuidar los detalles.


3. Ser muy disciplinado. Todo el proceso requiere una disciplina férrea, y no en una sola área. Tienes que tener la disciplina para cumplir los tiempos (no querrás que tu libro lo completen tus hijos), para editar, para mercadear, en fin, para cada paso del proceso, es necesario actuar de forma muy disciplinada para poder obtener los objetivos. Eso va a influir no sólo en el tiempo en que completarás el trabajo, sino también en su calidad. Además, la disciplina es algo que nos ayuda en cualquier cosa en la vida, es la base del éxito prácticamente en cualquier situación.


4. Estar dispuesto a escuchar. La opinión de quienes te rodean (y colaboran contigo en la producción de la obra, más adelante hablaremos de eso) es vital. Adelantando un poco, alguien de tu entera confianza (idealmente dos personas), deberán leer lo que vas escribiendo, cuando lo consideres oportuno, y estas personas, servirán de termómetro. Si las escoges bien, ya tienes un paso adelante. Es bien difícil cuando escribimos algo que nos parece bien, escuchar la crítica que echa abajo tu argumento. Pero estas personas van a representar un microcosmo de tus lectores, y si algo no les cuadra, ten la seguridad que es una receta para el desastre. En mi caso, que soy mas terco que una mula aragonesa, como decía mi querida abuela, Dios la tenga en su gloria, es bien difícil aceptar los argumentos. Siempre discuto, trato de imponer mi criterio (por algo escribí lo que escribí) pero al final escucho. Y si tengo que cambiarlo, lo cambio. Fin de la discusión. No ganas nada con encerrarte, a lo mejor para tí es brillante, pero recuerda que estás escribiendo para una masa, y excepto que seas Stephen King, Grisham o Coelho, tienes que complacerla. Son ellos los que van a comprar tu obra y te van a permitir seguir escribiendo, mejorando, creciendo.


5. Umbral alto contra la frustración. Como iremos viendo a lo largo de estos artículos, hay muchas situaciones que pueden ser frustrantes. No sólo durante el escrito, quizás es donde menos, pero cuando trates de impulsar tu obra, comercializarla. No puedes darte el lujo de frustrarte. Y el camino va a ser largo. Va ser duro. Pero al final, si te lo propones, triunfarás. Mantén eso como tu bandera. El que persevera, vence.


Hasta acá voy a llegar por los momentos. Léelo, razónala, y allí abajo están los comentarios. Eres libre de preguntar, quejarte, disentir; eso es la Web 2.0. Espero que pueda contribuir con este pequeño grano de arena, y pronto entraremos en materia mas sustanciosa.