miércoles, 12 de marzo de 2014

Juego Cerebral - Prólogo

Juego Cerebral es mi segunda novela. La Cofradía del Conejo es la primera entrega de esta trilogía, donde Peter Mark-Hodges, exitoso escritor, siente que su vida da un vuelco fatal al recibir la noticia de que tiene un tumor cerebral inoperable. Ni en sus tramas más escalofriantes se le hubiera ocurrido tal situación. Su hijo Jake, el centro de su vida, de apenas 10 años, depende emocional y económicamente de él. Tras una riesgosa operación, Peter sobrevive pero nuevamente la vida le da sorpresas. Su cerebro le empieza a jugar malas pasadas. Con la extirpación del tumor, recibe el extraño don de transformar lo que escribe en realidad, convirtiéndose en el blanco de poderosos grupos, que ven en él la oportunidad de controlar el mundo. Aventura, suspenso y ciencia ficción se conjugan en este primer libro. Acá les dejo el

Prólogo
Quirófano
Mayo 22, 2011

La luz proveniente del techo baña las paredes con un blanco impoluto. El bisturí de Harris se abre paso a través de la piel. Practica la incisión con la eficacia que le brinda el haber realizado miles de craneotomías[1], seccionando el cuero cabelludo a nivel del nacimiento del cabello y desplazándolo hacia atrás en un movimiento rápido, mientras su ayudante se encarga de la sangre que brota.
—Craneótomo[2]— dice el doctor, extendiendo su mano.
El ruido que produce el instrumento inunda el quirófano.
Al entrar en contacto  con el hueso, el sonido cambia de tono, haciéndose más ronco; mientras secciona, una pequeña nube de humo va quedando tras la sierra y un olor a quemado impregna el ambiente. Al completar la elipse casi perfecta,  el doctor Harris separa el hueso, lo pasa a uno de los asistentes tras inspeccionarlo, quien lo coloca en una bandeja. El lento palpitar del cerebro expuesto parece retar a los neurocirujanos que tratarán de extirpar el tumor que se ha alojado en él.
Se aparta de la mesa de operaciones, dando espacio al técnico para que conecte las sondas ultrasónicas al cerebro del paciente, preparando la neuronavegación en el John Adams Neurosurgical Memorial, uno de los hospitales más modernos en el área. El doctor Edward Matthew acompañará a Harris durante la operación, ambos conscientes de que las posibilidades son casi nulas.
El técnico comprueba en las pantallas que la data se emite correctamente. En uno de los monitores del avanzado equipo se observa una imagen tridimensional del cerebro, otro refleja innumerables datos acerca de la actividad neurológica. Un microscopio digital permitirá al cirujano navegar a través del cerebro —mediante los instrumentos— con precisión, evitando causar daño a los delicados tejidos.
Harris y Matthew, eminencias de la Neurología, conforman el equipo con más conocimientos que pueda constituirse a nivel mundial. El tumor diagnosticado en el cerebro de Peter no pertenece a ninguno de los grupos conocidos; lo que si está claro es que es un tumor de grado IV[3].
—Creo que es mejor comenzar por el espacio subaracnoideo, la extensión es mayor que la que vimos en la última tomografía— dice Harris a Matthew, quien opera el microscopio.
Matthew asiente mientras gradúa el lente.
El ambiente refleja la tensión de los dos doctores, acostumbrados a trabajar de forma precisa; esta vez, ambos se sienten como novatos enfrentándose a lo desconocido. El resto del equipo se encuentra en vilo.
—Encuentro resistencia. Voy desde el cuarto ventrículo.
El tejido maligno comienza a ceder bajo las expertas manos. Tiene que moverse con sumo cuidado, ya que se encuentra afectando zonas del cerebro de gran sensibilidad. Tiene que retroceder cuando el paciente hace un espasmo.
El proceso es lento y delicado. Al cabo de tres horas ha logrado la extirpación de buena parte del tumor y ante el ofrecimiento de Matthew, le cede los instrumentos para descansar y observar desde la computadora el progreso de su trabajo.
—Está resultando mejor de lo que esperaba.
El anestesiólogo chequea los signos vitales, todo el equipo ocupado en el monitoreo. Cuando se ha completado el setenta y cinco por ciento del procedimiento, los monitores comienzan a emitir alarmas.
—Se ha descompensado— grita uno de los asistentes.
Todos se afanan en restablecer las condiciones del paciente, lográndolo al cabo de diez minutos de frenética actividad.
—¿Qué habrá ocurrido?— pregunta Matthew.
—A decir verdad, no tengo idea— responde Harris.
Los signos vitales de Peter han vuelto a la normalidad y continúa con el procedimiento, hasta anunciar:
—No puedo hacer más, hay demasiado riesgo.
Matthew concuerda.
El técnico retira las sondas.
Fijan el hueso y el colgajo cutáneo en el cráneo.
Suturan.
Peter es llevado a la Unidad de Terapia Intensiva.
(en ese momento se torcieron las cosas)
El monitor al que se encuentra conectado comienza a emitir señales —señales que no traen buenos presagios— que hacen apersonarse a un equipo médico, liderado por Harris. El paciente se ha descompensado de nuevo, y pese a los esfuerzos realizados por el personal, Peter entra en estado de Coma.



[1] Operación quirúrgica, en la que parte del cráneo, llamado colgajo óseo, se elimina con el fin de acceder al cerebro.

[2] Aparato similar a una sierra, que permite abrir una ventana en el cráneo de un paciente

[3] Tumores malignos que muestran signos histológicos de malignidad en todas las regiones examinadas